Hombre de mirada profunda

Tengo con el Comandante Chávez una anécdota que me quedó tatuada en el alma.

En 1996 lo conocí en persona, yo trabajaba en un centro de salud como Bioanalista y él había acudido allí  llevando a una de sus hijas a consulta. Ya desde el “por ahora” en mi entorno laboral sabían de mi simpatía por Chávez. Al llegar un día a mi turno de trabajo que era en la tarde, me cuentan que el Comandante había estado en la mañana por allí, mayor frustración la mía… estuve dos horas lamentando mi pena…, cuando de pronto, me dice una compañera que alguien preguntaba por mí, pensé que era algún paciente.

Mi sorpresa mayor fue ver al Comandante frente a mí con la sonrisa que todos conocimos y diciéndome: “Me dijeron que alguien quería conocerme y vengo a eso, a conocerla también”. Estuvimos un buen rato conversando, hablando del país, de sus planes ya libre, de mis cosas, atento siempre, recién yo había pasado por una experiencia fuerte en mi trabajo de la mañana en un hospital público, con hechos de corrupción en mi mismo departamento que por haber denunciado en un año fui destituida violando mis derechos (pero éste es otro “cuento”) y él con un interés genuino escuchó cada una de mis palabras. Ni  que decir que después de este contacto sentí que ese hombre de mirada profunda era quién cambiaría la forma de ver al país, de sentir a la patria, era quién por tantos años Venezuela estaba esperando…

Con el transcurrir de los años el Comandante creció de tal manera que difícilmente podrá la historia de Venezuela conocer un ser humano igual, único Bolívar, único Hugo Chávez. Y por esa visión que tenía proyectada por su razón y su corazón es que debemos tomar muy en serio el mandato que nos di. Honor a Hugo Chávez, Nicolás Maduro Presidente.

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