¡Sálvalo, Maisanta!

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Nos contaba Edgardo Ramírez, Embajador de la República Bolivariana de Venezuela, durante su más reciente visita a la Universidad de Ciencias Pedagógicas de Holguín una de las historias que hacían grande a su Comandante Hugo Chávez. La memoria de “Maisanta”, el abuelo de Elena (madre del presidente), siempre lo acompañó en los momentos buenos y los malos.

En cierta ocasión en que se lanzaba al vacío, el paracaídas de uno de los soldados se negaba a abrirse. Los segundos de inevitable caída parecían pronosticar un desenlace trágico. Temeroso de lo peor, Hugo acudió a su protector eterno.

Tras repetir la frase más de una vez, y como tocado por una mano divina, el paracaídas del soldado se abrió finalmente y llegó a tierra con algunas golpeaduras. Como tantas otras veces en las que invocó al bisabuelo, pareciera que aquella vez respondía al llamado ante el reclamo solidario: ¡Sálvalo, Maisanta!

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