El día que conocí a mi pana Chávez

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Yo siempre quise conocer a Chávez, en persona, hablar con él y abrazarlo. También quise ser su fotógrafo personal o de los que iban pa’rriba y pa’bajo con él, fotografiando, guardando para siempre esos momentos que jamás se repetirían. Eso no sucedió, con él se fue mi gran sueño.

Sin embargo, siempre diré que Él me regaló la oportunidad de conocerlo en persona y poder fotografiarlo, apenas días antes de las elecciones del 7 de octubre; el mismo día que se hizo el lanzamiento del Satélite Miranda. Aquel día para siempre permanecerá en mi memoria, porque jamás, ni siquiera al despertar aquella mañana, imaginé que sería la primera y única vez que vería a mi Comandante Supremo en vivo y, además, tan cerca.

Ese día, fue el más preciado regalo que nos hizo el Comandante a mi mamá y a mí. Mi madre pudo gritarle, a todo gañote, lo mucho que lo amaba, mientras él le hablaba a aquella multitud que se había congregado en la Plaza de los Museos. “¡CHÁVEZ, TE AMOOO! ¡CHÁVEZ, MÍRAME!” aún retumba entre la gente.

Yo, al lado de mi madre, sólo fotografiaba y grababa a mi Presidente, lo miraba con absoluta incredulidad, como si estuviera viendo a una deidad, al más Gigante de los hombres. No podía creer que era Él, parecía un sueño y, en todo el tiempo que estuve mirándolo y escuchándolo, no atiné a decir palabra.

Hoy, cuando recuerdo todo eso, sólo puedo sentir tristeza, porque un día como ese jamás se repetirá. A pesar de la enorme tristeza, me siento orgulloso y feliz de poder decir que viví y conocí al Hombre, el Gigante que cambió nuestra historia.

Te extraño, mi pana. Te extraño.

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