Carta a mi Comandante amado

Aunque tu orden Comandante, sea que nadie esté triste y que si no podemos evitarlo, utilicemos esa tristeza para convertirla en fuerza y empuje revolucionarios que alimenten nuestro proceso libertario, nuestra revolución, esa que gracias al enorme amor que por nuestra patria sentiste, que tuviste la grandeza y divina valentía de mostrarnos a costa de tantos sacrificios personales de tu parte, de hacernos partícipes y dueños de ella; me resulta imposible no verme y sentirme sobremanera sumido en un indescriptible dolor que me embarga al recordar que ya no estás entre nosotros, seguro estoy que tanto como si se tratara de mis padres biológicos, puesto que desde que una noche del año 98 te vi y escuché por primera vez en la ciudad de Ejido del Estado Mérida, no vacilé en jurar ante tu presencia, declararme uno más de tus hijos, uno que sin dilación alguna defendería tu causa y más allá, a partir de ese momento y hasta el fin de mis momentos te defendería a ti de lo que fuera y de quien fuera.

Te recuerdo como si fuera ayer, tu boina roja, una camisa a cuadros, ese rostro iluminado de una pasión que hoy, a mis 27 años de edad, jamás he visto en nadie y sé que no volveré a ver en nadie más porque tú fuiste único. Escuchar tu voz y el profundo contenido que a través de ella nos transmitiste a la multitud, con una energía reavivante, tan constructivamente positiva, tan llena de esperanza, hicieron que descubriera en mi interior ese inmenso amor que sólo en tus ojos se podía ver y que tuvo una sola dueña, VENEZUELA.

He sido objeto de mucha crítica que ha llegado a convertirse en burla e insultos por parte de un número muy reducido de personas cada vez que empuño mi palabra contra ellos en tu defensa, pero, ¿cómo no defenderte Comandante? Si llenaste mi vida y mi corazón de ese amor que inevitablemente desbordabas en cada gesto, palabra, mirada o sonrisa que desde aquella noche me regalaste a mí y que desde aquel glorioso y digno 4 de Febrero regalaste a todo el Pueblo Venezolano que como yo, te reconoció de inmediato como su segundo Libertador y Padre Nuestro.

Hoy que ya no estás conmigo, donde quiera que estés quiero que sepas que entre las montañas andinas que vieron pasar victorioso a nuestro Simón Bolívar rumbo a consolidar nuestra segunda república, existe un joven venezolano de los muchos millones que te amamos, que sabe que más temprano que tarde, esa fuerza e inmensa valentía con la que nos llenaste, sumado a nuestro amor sublime hacia la Patria nos llevarán a consolidar tu sueño de una Patria Socialista que le garantice a tu pueblo la mayor suma de felicidad posible, para que triunfante una vez más, emules a nuestro eterno Simón.

Nada es casualidad comandante, y tú llegaste a nuestras vidas con el más grande de los propósitos, el que por la banalidad, cobardía y egoísmo de unos pocos que detentaron el poder, se perdió impidiendo así que el Padre de la Patria consolidara su sueño, el que hoy gracias a ti, es de cada latinoamericano y no estamos dispuestos a dejárnoslo arrebatar de nuevo, aún queda mucho por hacer padre mío, te pedimos fortaleza para estar a la altura de tu inmensidad y lograr consolidar lo que nuestro Simón lamentablemente dejó por hacer. No desmayaremos. El amor del pueblo de Venezuela, del mundo entero y en particular el mío propio están contigo en tu nuevo plano de existencia. Espero puedas ver dentro de mi corazón, te sorprendería cuán grande es el sentimiento que me une a ti, tanto que hoy me hace ser capaz de asegurar plenamente de hecho y no solo con palabras que si fuera posible, te hubiera dado mi juventud, mi fuerza, mi vitalidad, mi energía y mi salud para que siguieras luchando por nuestro pueblo, por nuestra patria y sobre todo, nos siguieras llenando de tu mirada, de tu sonrisa, de tu voz, de tus ocurrencias, de esa humildad infinita que tanto arde a esa clase que por más que te imiten, no te llegarán jamás ni al talón.

Ésta es solo una de las muchas batallas que los grandes hombres enfrentan y que no será capaz de derrotarnos, como estoy seguro que nada entre el cielo y la tierra podrá hacerlo, pues contigo, cuidándonos y guiándonos está CRISTO, el más grande de los hombres, el que dio origen a las banderas del socialismo que hoy con tu hijo Nicolás levantamos orgullosamente. Cuenta con que el amor que te tenemos nos dará lo que se necesita para defender la Revolución, la Patria, la Libertad y la Independencia hasta con nuestras propias vidas si fuere necesario. Ahora somos nosotros quienes daremos la batalla, siguiendo tus órdenes de UNIDAD, LUCHA, BATALLA Y VICTORIA.

…¡¡¡PATRIA SOCIALISTA Y VIDA COMANDANTE!!!…
VIVES, LA LUCHA SIGUE.

Comentarios

  1. Jacquline Carpio
    Miranda

    Que linda carta esta son muestra de Amor al Gigante como lo es Nuestro Comandante Hugo Chávez Vivirá Por Siempre y su Legado debe continuar para alcanzar el Gran sueño de Bolívar y Nuestro Comandante Hugo Chávez.
    El Compromiso es de todo los creemos en este proceso y en esta Revolución.

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