Carta para Chávez

Una vez Comandante dirigiéndote al General de generales, nuestro padre Simón Bolívar, le dijiste que le tocó ser como el relámpago del Catatumbo, que llegaba retumbaba en el cielo, alumbraba todo con luz propia y luego se disipaba, y que lo seguiría haciendo por todos los tiempos como el relámpago que antes mencioné, pero hoy Comandante Eterno, Comandante Supremo, te tocó a ti no solo ser parte también de ese relámpago, que retumbará más fuertes que nunca, si no que también te tocó la tarea más fuerte que solo lo había logrado un hombre “Cristo”, te tocó ser el redentor de los pobres, y te tocó, no por una simple proclama que sale de un pueblo, si no por la confianza y el amor que ese pueblo y miles de pueblos en el mundo depositaron en ti, y disculpa si te tuteo, pero es que te sentimos como familia consanguínea, porque el que no te ve como padre, te ve como hijo, como hermano, como abuelo, o como nieto. Muchos niños se sienten tus gallitos, como cariñosamente le decías al pequeño hijo de tu Rosita como llamabas a tu querida hija.

En mi caso además de padre, te considero mi maestro, porque aprendí de ti a conocer la verdadera y heroica historia de nuestra patria, aprendí que por más dura que sea la verdad, ese siempre debe ser el camino a seguir, aprendí a detallar los discursos y analizar cuando alguien usa palabras bonitas para engañar, nos enseñaste a ser nacionalista por sobre todas las cosas, aún sin estar de acuerdo con el socialismo que pregonaste, siempre teníamos que ser nacionalistas.

Te confieso que cuando escuche socialismo la primera vez, me asustó un poco, y me acorde de mi papá Jorge Rengifo, él me dijo que uno se asusta de lo que no conoce, y como no lo conocía, me dediqué a la honorable empresa de conocer el socialismo, conocer de qué se trata y cada vez que leía, me fui enamorando cada día más del socialismo, y al escucharte me enamoraba más del socialismo Bolivariano, entonces empecé a seguir el origen de ese pensamiento tuyo, quería saber como comenzó en ti esa idea y quería desde el origen obtener ese mismo ideal, y me di cuenta que primero había que conocer a Bolívar, a Zamora, y a Simón Rodríguez, luego en una de tus intervenciones, hablaste del árbol de tres raíces, que era el origen real de tu revolución y observé que estas tres raíces son precisamente los tres gigantes que antes mencioné. Ellos son las raíces, las bases, y tu Comandante eres el tronco de ese árbol, y que con la unión de los países latinoamericanos, ese tronco se va a hacer mucho más fuerte y de aquí en adelante, nosotros los que quedamos en esta lucha, lo vamos a hacer más frondoso, porque el ideal Bolivariano que es el mismo ideal Chavista, no morirá nunca, ya que como tú mismo lo dijiste, mi querido arañero, Todos Somos Chávez.

En la busca de tu lógica me tropecé con Víctor Hugo, con su maravillosa obra “Los Miserables” y comprendí que la miseria humana proviene de aquellos que desprecian a otros solo por ser pobres, o que no entienden que la grandeza de una persona se da desde abajo como le tocó a “Jean Valjean” y creer que la justicia es aplicable solo a los pobres como creía “Javer” que no entendía que la grandeza del hombre no se da por la cantidad de medallas que gana, si no por el amor que se pueda irradiar de esa persona. El amor que se pueda tener al que más necesita, sin importar si fue bueno o malo, solo creyendo firmemente en el ideal del mayor de los socialistas “Cristo redentor”, así como amó “Jean Valjean” a “Cosette” sin ser su padre y el amor de “Cosette” sin ser su hija.

Observé que hacías lo mismo que hizo “Jean Valjean” amar al más necesitado, observé mi Comandante que mientras tú más amabas al pueblo, el pueblo más te amaba a ti, y el mismo pueblo observaba la miseria de un pequeño grupo que como cachorro fiel a su amo “estados unidos” o mejor dicho el gobierno de los “estados unidos” se arrastraba a sus pies solo por un premio, y aclaro que es al gobierno estadounidense, que ese grupito le es fiel, porque pienso que ese pueblo estadounidense, también en Chávez desde el fondo de sus corazones.

Me despido mi Comandante con el alma llena y vibrante por escribirte aún más, pero que POR AHORA dejo estas líneas hasta aquí, pero que guiaré mis pensamientos y mis acciones como lo ordenaste mi Comandante “Hasta la victoria Siempre”.

Viviremos y Venceremos.

Caracas 16 de Marzo 2013

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