Comandante amigo

¡Epa, compadre! Comandante, hoy pasé un rato a visitarte después de aquella vez que nos vimos en Catia donde como una más de tus ocurrencia jugaste “Chapitas” con el pueblo; recuerdo bien ese 24 de marzo de 2011. Hoy nos encontramos nuevamente, aunque las condiciones son las jamás esperadas, allí en tu Academia Militar en la Casa de los Sueños Azules, allí donde llegaste con el sueño de ser el “Látigo Chávez” y saliste lleno de patria acompañado con los sueños de Bolívar; allí donde estuviste con el General Jacinto Pérez Arcay el 3 de Septiembre de 2010 viendo con esos ojos (que hoy descansan) la obra que representa los cinco jinetes a caballo en mármol que simbolizan las cinco raíces del Movimiento Revolucionario 200, en el salón Libertador, el mismo que hoy te arropa.

Comandante amigo, te cuento que me costó muchísimo verte entre el dolor y tu ausencia, lo intenté dos días y el pueblo me abrumaba con su deseo de despedirte. Allí al lado de Bolívar, Sucre, Zamora, Miranda y Rodríguez, te encontré en la mejor definición de Patria que he encontrado en mis 28 años de vida, esa definición me mostró su rostro, su aliento, su mirada, sus lágrimas, su sonrisa y lo más importante: su alma, tu alma; esa patria se dibujó en niños, niñas, madres, jóvenes, ancianos, hermanos, amigos, entre todo ese pueblo que te llevó en hombro desde el lugar de tu expansión hasta tu Academia. Comandante, fueron casi ocho horas en las que tu pueblo no paraba de llorar, un llanto que te bañó de amor, un amor que se vuelve frenesí.

Comandante, te sorprenderías hasta dónde llega tu pueblo para poder verte, es un pueblo irreverente y leal que no para en detalles cuando el sentimiento por ti marca de manera clara la meta. Ver tu rostro, agradecerte, jurarte lealtad, llorarte, extrañarte y hasta regañarte, porque ¡coño! tú eres de esos hombres que nacen cada 200 años y que son indispensables, esos hombres que terminan corrigiendo el rumbo del mundo un poco, ese rumbo que ajustaste sin un sólo disparo a punta de ideas, del debate, de irreverencia; tarea pendiente de Camilo, Ernesto “Che”, Allende, Gaitán, y de muchos que tuvieron que ir a las armas porque las situaciones eran distintas. Y tú, modesto llanero de Sabaneta, lo hiciste con la verdad hacia nuestro pueblo sin levantar un fusil, ¡qué arrecho!

Comandante, se estima que cerca de 2 millones de personas te acompañaron ese miércoles 06 de Marzo, tenías que ver a tu pueblo en la calle, que si quisiéramos ponerlos en fila con una separación de un metro y medio entre persona llegaríamos al Potosí (Bolivia), allí donde llegó El Libertador, buscando la unificación de Latinoamérica. Hoy en día estoy más que convencido que en Latinoamérica seremos un bloque sólido, unificado y comprometido con esa deuda histórica que pesa sobre nosotros, esa deuda que le tenemos a los abuelos y padres. Comandante, de verdad que es sorprenderte el amor de nuestro pueblo, hay que sentirlo para lucharlo.

Comandante Camarada, bien lo decía Alí Primera “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos” y es que tú no puedes morir, porque como bien le dijo una luchadora con amplia acumulación de experiencia a Nicolás “tu cuerpo no pudo con esa alma inmensa que necesitaba expandirse”. Comandante Camarada, amigo, hermano, padre, hijo y líder, tu alma necesitaba bañar al mundo de esperanza por la justicia, ayer me sorprendió encontrarte hecho niño en Palestina, sí, así como lo escuchas y es que ese pueblo realmente te necesita, ese pueblo que el mundo infame ha venido destruyendo en los últimos años. Estoy seguro que cuando le hable a mis hijos y nietos de ti, te encontraré en Palestina con una rama de Olivo en la mano y un Fusil en la otra, y conociéndote seguro buscando soltar el fusil para sembrar el olivo y construir lo que hoy tenemos aquí.

Para sorpresas de mucho y no para nosotros, vinieron a despedirte 57 delegaciones internacionales y 33 presidentes y presidentas del mundo, y me pareció, indudablemente, increíble ver al presidente Aleksandr Lukashenko llorarte con sinceridad o al presidente Mahmoud Ahmadinejad besar tu urna con sentimiento. Comandante, el líder de un pueblo de más de 6000 años de historia rindiéndote honores, sí, a ti Llanero de Sabaneta, así como un príncipe de esos que todavía quedan aunque haya hambre en el mundo rindiéndote guardia, ¡ironías de la vida! un príncipe rindiendo honores a un llanero que hace 200 años era impensable, qué dirá Bolívar, pues el mundo se detuvo, Comandante, para ver el hasta siempre que te dimos.

Comandante no cabe algo más sincero que un GRACIAS por regalarme este sentimiento de patria, por darnos voz, por tus ideas, por tus ocurrencias, por tu ejemplo, por todo lo que lograste. Hoy en día los niños, adolescentes, abuelos, obreros, profesionales somos Chávez y es porque te volviste pueblo. Gracias Comandante, por el sentimiento que hoy llevo al levantarme y ver ese amanecer con el café en la mano para descubrir que la lucha tiene fruto y que nos toca sembrar aún muchos árboles más que serán cosechados por nuestros hijos y nietos. Hasta la próxima Comandante, nos vemos pronto y saludos a Bolívar, Ernesto, Allende, Camilo y todos los que corrigieron un poco el rumbo de esta tierra, seguro estás entre coplas y versos en una casa de bahareque con una hamaca y un café viendo a tu patria bella y grande.

Hasta la Victoria, Siempre

Caracas, 11 de marzo de 2013

 

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