Cómo no llorarte, comandante. Gracias, nos dejaste una patria viva

Cómo no llorarte, comandante, si fuiste la luz en la oscuridad de la patria que ya se perdía,  siempre recuerdo aquél 4 de febrero de 1992, era una época gris, ya los pobres no aguantábamos, y no había nadie que abogara por nosotros, fue entonces  cuando emergiste,  le diste un sacudón al pueblo y a los oligarcas, le inyectaste nuevos bríos al pueblo  y empezamos a salir del largo letargo y desde ahí, Venezuela empezó a cambiar para siempre y el pueblo humilde que son la mayoría te acompañó por siempre, y por siempre estarás en los corazones de todos los desprotegidos porque fuiste su luz. Gracias comandante, nos dejaste una patria viva

dilia rodriguez Lara

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