Corazón de Pueblo

Siento una ligera brisa que me recuerda tus silencios; aquellos que en tu soledad con Dios removían tus entrañas y buscaban hacerse palabras por tu Venezuela y tu América. Palabras fuertes, cargadas de llanos y montañas, de utopías hechas carne y fuerza vital, de auténtico Logros.

También habitaste y habitas entre nosotras y nosotros; también te has hecho carne y estabas desde el Principio, o mejor dicho, estás en el Principio como Dueño de esa Verdad Bolivariana que hoy quieren silenciar las maquinarias obsoletas de un capitalismo cruel, ese que no acepta tu Revolución porque ahoga las imposiciones herodianas de unos pocos.

Hermano querido, algunos no quisieron comprenderte. No entendían que tu proyecto de justicia se convertiría en la nueva luz de este Continente, y claro está, trataron – y tratarán- de eliminar el más mínimo rastro de tu historia, pero como ángel que aguarda y guarda nuestras esperanzas, vivimos confiados en que al igual que Cristo, “tú venciste y vencerás al mundo”. Veo tu espíritu transfigurado cabalgar sobre nuestros pueblos, acompañado de Bolívar, Miranda, Manuelita, Martí y esa gran nube de testigos que te precedieron.

Hoy, amigo, quiero recordarte así; recordarte en el silencio que atraviesa todo profeta y profetiza. Recordarte desde las cuevas interiores de nuestras almas donde gestamos con Dios y en Dios la más noble, justa y verdadera causa: ser pueblo hecho carne y ser Carne hecha Pueblo como nos mostró tu vida ejemplarizante.

Gracias, Comandante, por la VIDA, por enseñarnos a conocer la verdad de nuestros pueblos en su larga historia, por la oportunidad de no perder nuestro rumbo. Este camino que se abre con viejas y nuevas exigencias de practicar la justicia y buscar experiencias que nos vayan adentrando en la tarea de seguir construyendo una América Latina nueva, en la que cada pueblo sea reconocido en su dignidad, especialmente en las personas más débiles e insignificantes como nos muestra tu legado. Gracias también por unirnos, por hacernos corazones de pueblos.

Me uno a las palabras de nuestro líder Fidel Castro: “Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo.”

Hermano y amigo, seguimos y seguiremos empecinados en esa manía de defender la VIDA.

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