Creo en Chávez

Creo en Aquel que no dio al miserable por perdido, ni ignoró con desprecio el clamor de un pueblo herido.

Creo en la integridad de Uno que siempre tuvo un mismo sentir en su corazón, indoblegable ante el enemigo.

Creo en el poder de Uno que movilizó tropas para alimentar a los hambrientos,

y que de tanto poder que tenía no necesitó ni una sola bala para conquistar reinos (pues sus súbditos le aman).

Creo en ese que tuvo la osadía de llamar al Imperio por su nombre,

y a la Iglesia también, pues al fin y al cabo son la misma porquería.

Creo en aquel Visionario que veía, y que abrió los ojos de muchos,

excepto de los que, teniendo ojos, no quieren ver, porque no les da la gana.

Creo en Uno que murió de cáncer, habiéndole ganado la batalla al verdadero Cáncer:

terriblemente agresivo, atroz, pandémico, letal;

que con sólo unas pocas células del tipo $ arrasa pueblos y naciones enteras.

Dicen los que dicen conocer del tema que se llama capitalismo, y que es producto ineludible de un mundo pluralizado.

Él no lo creyó, y argumentando con la solidez de la razón y la verdad, lo combatió e hirió de muerte.

Agoniza, no termina de morir, sólo porque ha de ver su propia ruina.

Creo en Aquel que derrumbó instituciones, pactos, constituciones, gobiernos y egoísmos varios,

porque estableció la justicia, y le devolvió al pueblo la soberanía que lo hace pueblo: su identidad, sus raíces,

sus aromas, sus rostros, su historia.

Y al establecer la justicia todo aquello cayó por su propio peso.

También presentó el civil al militar: éstos se dieron un apretón de manos y un espaldarazo,

como si se hubiesen conocido desde siempre, y para ambos fue un placer.

Creo en Uno, humilde pero GRANDE, que me enseñó el significado de la palabra PATRIA,

y que la democracia no es una quimera de los locos libertarios,  a mi me enseñó eso.

A otros les enseñó que no es que sean invisibles, sólo que los que no quieren ver no los ven, porque no les da la gana.

No pocos aprendieron también de él que el ser humano no tiene ningún valor añadido más que el amor que tiene para dar.

Creo en ese Hombre que alzó la espada de Bolívar: magna, resplandeciente, la cual alumbró de nuevo el camino de nuestra América Latina.

Y la espada iluminó, porque el que la alzó era digno de ella.

Y vimos a nuestros hermanos, y los llamamos para que nos siguieran por la senda que conduce a la vida, y se levantaron, y nos siguieron.

Creo en Aquel que me enseñó a confiar en la voluntad del pueblo (porque el pueblo es sabio), y le dio voz  y voto.

Ahora habla el hombre, el campesino, el obrero, el indio, el abuelo, el mendigo, el revolucionario, el homosexual, el discapacitado, el joven;

 la madre, la abuela, la india, la joven, la feminista, la obrera, la lesbiana,

 y hasta la sombra de los que pintaron del rojo de su sangre las letras de la historia por hacer Patria: todos tienen voz.

Y hablan, y votan, y exigen; y leen y son leídos (ya no pueden ser confundidos), y escriben, y sus vidas son escritas, para que nadie ose olvidar.

Creo en Ese que  reivindicó la arepa, pues el hot dog decía de sí mismo ser más cool, pero lo cierto es que  la arepa, my brother, es más nutritiva. 

Creo en ese loco que contempló cielos azules de ocho estrellas y montó en caballos blancos desbocados de zurdo destino, y fue su bandera y fue su escudo.

En fin, muchas cosas creo de Él, ahora real y leyenda a la vez, y tanto creo en él que hasta me parece que soy él, pues por sus sueños vivo.

¡¡¡HASTA SIEMPRE; MI ETERNO COMANDANTE!!!

 

Maryan Galicia Miranda

Comentarios

  1. ana serrano gutierrez
    Colombia

    Necesitamos muchos pero muchos Hugo Cháves Frías en el universo.

  2. mary pineda
    Distrito Capital

    Cuanto me gusta este creo!!!!, felicito a la persona que lo escribio esta muy original y revolucionariamente chavista

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