Cuando sentí que no valía la pena seguir viviendo, te conocí Chávez

Foto-Carnet-MNací en Cabimas pueblo petrolero del Zulia en Venezuela, pueblo del que salió el petróleo por el cual mi país ha tenido renombre en el mundo. En el lugar donde nací y crecí es muy común ver las instalaciones petroleras y los balancines por cualquier parte, incluso entre las zonas residenciales. En mi familia había abundancia, al menos en principio vivíamos bien. A pesar de ello mi familia al igual que la mayor parte del pueblo venezolano en los años 90, fue disminuyendo su calidad de vida. Empezamos a caer en la pobreza, en la miseria. Con la pobreza económica empezaron a aflorar las verdaderas características de la pobreza, la debilidad de mente, la falta de ética, de moral, de valores. Mis familiares cayeron en el alcoholismo más profundo que jamás conocí. Vivíamos en constantes discusiones y peleas tanto físicas como verbales. Es así como ya desde mis primeros años de vida empecé a deambular de casa en casa, cada vez que mis familiares nos echaban a la calle a mi madre y a mí. Desde kinder hasta el bachillerato por cada año cursado estuve en al menos dos instituciones. Entre tanto ir y venir terminamos por las circunstancias en Barquisimeto, estado Lara, Venezuela. Ahí la miseria la sentimos aún peor, pero nuestra mente empezaba a cambiar al ver que había gente con incluso mayor miseria. Mis padres en Barquisimeto peleaban mucho más que mi familia materna. Con tanta desgracia en mi vida pensé que ya no valía la pena vivir más. Que nuestros problemas eran más reales y vívidos que la peor pesadilla; nuestra vida era una pesadilla de la que no podíamos despertar. Es ahí donde te conocí Hugo Chávez, el único presidente al que le pude tocar en las calles de Barquisimeto, en una de tus tantas interacciones directas con el pueblo. Tengo que reconocer que al principio te tenía mucho miedo porque por la televisión y la radio decían que todo empeoraría y ya mi vida era un desastre. Pero era tanto el miedo que quería ver con mis propios ojos y oír con mis propios oídos lo que tenías que decir. Es entonces cuando me conecté con tu pensamiento y sentí la más grande compresión que una persona de tan alto estatus había mostrado por nosotros. Empecé a ver mis problemas de otra forma y ver que si había solución, llamada socialismo. Me quitaste las vendas y me hiciste ver que los males del mundo se acentúan, se mantienen y se crean por la labor maligna de los medios de comunicación, que no informan, sino que entrenan a las mentes de su audiencia para inocular el pensamiento que le permite a los poderosos oprimir a los oprimidos sin que estos sepan el porqué de sus males. Así supe que mi familia pudo ser alcohólica por razones propias pero también como consecuencia del estilo de vida inoculado en mi región, donde nací y crecí que es rica en petróleo, estilo de vida que mantuvo al pueblo zuliano sumido ante el imperio durante el siglo XX y parte del XXI mientras éste lo chupaba como Drácula. Es así como volví a amar la vida y como logré sentirme feliz y vivo al ver que con mi lucha podría lograr algo que creí imposible, un cambio. Un cambio para nuestro bienestar y no el de los explotadores, un cambio para nuestra conciencia y no para nuestra muerte como individuos. Nunca llegué a hablar contigo directamente pero te recuerdo como el político que más llegó al centro de mi alma, mi corazón y mi pensamiento. Por eso aunque te tuve pocos años a partir de mi vida consciente, tu presencia en esta tierra no será olvidada por mí mientras esté vivo, porque me cambiaste irreversiblemente para bien. Por eso donde estés Chávez de corazón hasta la victoria siempre!!!!

TU LUCHA NO SE PERDERÁ

VIVIREMOS Y VENCEREMOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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