¡Cuánto silencio en marzo, Comandante!, te quedaste orillado en este pocito de alma

Cuánto silencio en marzo!

Lejos, muy lejos canta un gallo

El sol llega puntual a hacer su trabajo

Todo brilla, todo arde, todo estalla!

Arde el alma, estalla el sentir…

Y tú brillas en el sol de mi alma, Hermano!

                                  H Méndez.

 

MARZO 

En un poema previo escribí que me gustaba marzo con sus colores de acuarelas distantes, cuyo mar  se colorea con azules brumosos, por ello me gustaba marzo.

Hoy,  ya no estoy  tan segura de si me gusta este mes. Hoy,  ya no sé qué siento por esa bruma y esos colores.

Quizá este pesar sea parte de la tarde que se cuece en lontananza, de ese espacio tiempo que te arrastra y te lleva entre bermejos y azules tenues-grises, hacia ese otro horizonte que te espera y que yo evoco en palabras peregrinas.

Yo no sé si este marzo  es hoy más desolado por tu ausencia, o es un marzo cargado de vendimia que dejaste con tu partida.

Hay cantos que hablan de febreros y de abriles, quizá marzo se sintió desolado, olvidado y quiso ser parte de tu historia, no sentirse atravesado, pero hoy nos dio una estocada este marzo perverso, traspasando por todo el medio este corazón,  hasta hacerlo un grito de silencio.

No sé si me gusta ya este marzo en polvareda o en lloviznas tenues de pradera,

Este marzo que arrebata y que hace polvo, sin piedad, tu sonrisa de habitante de la vida.

Este marzo que ha calado todo hueso y depuesto  para último mi paso.

No sé, si ahora este marzo es ese marzo que yo amaba, con su hermosa cabellera hecha de viento,  pues se me ha transformado en un marzo desolado, sin colores y sin risas y sin viento y sin latidos.

Es un marzo ahora de luto, es un marzo sin retorno, es un marzo sin escrúpulo que se cuelga de tu pecho y te arrebata de mi lado.

Este marzo guarecido en los andenes de pestañas húmedas,  fabrica sin saberlo el desconsuelo de millones.

Es un marzo que camina bajo el sol, en un grito ahogado de te quieros, un marzo que se sube hasta mi pecho y me arrastra penitente hasta tu última morada.

Marzo, marzo, ¡oh marzo! que te fuiste y te quedas, y que estarás por siempre.

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