Esto lo escribí en cuánto terminé de escuchar a Maduro dar el mensaje de la muerte de Chávez…

Hoy es un día tristísimo, un mes tristísimo, un momento tristísimo de la historia. La noticia, por predecible, no fue menos dolorosa. Murió ayer el presidente venezolano Hugo Chávez, o Chávez a secas, pues sobran formalismos tituladores en ese al que sobran cargos y explicaciones. Pasará al ideario popular con su apellido inconfundible, como Martí, o Bolívar o el Che.

Sobran incluso palabras elogiosas. Chávez le cambió la cara a un continente. América Latina parecía no recuperarse después de las décadas oscuras de la segunda mitad del siglo pasado. Cuando Cuba parecía quedarse sola, cuando el planeta entero parecía sospechoso, cuando nuestros hermanos nos abandonaban cada dos por tres y nuestros deudores de libertad nos traicionaban como por diversión; Chávez demostró que un modo diferente era posible y que el socialismo no era una idea de inadaptados y viejos. Ni los académicos más reaccionarios, ni los mercenarios más tontos, volvieron a hablar del fin de la historia.

Cantaba en sus victorias, como los guerreros antiguos y cantaba bien. Trazaba sus batallas como los líderes del futuro y miraba lejos. Fue nuestro Caupolicán contra Goliat, nuestro gigante que se levantó contra el gigante de las siete leguas.

Supo que no era posible Venezuela nueva sin América nueva. Tuvo los medios para cambiar el continente y lo hizo. El petróleo dejó de ser veneno arrancado de la roca fría para ser ambrosía regalada por la Tierra Madre.

Dicen que le debió mucho a Cuba, puede ser. Cuba también le debe mucho a él, pero no es un asunto de deudas.

Ya se esperaba. Cuando se fue de La Habana sin haber terminado su tratamiento, creí que la batalla contra su cuerpo terminaba y que quería hincar la rodilla en tierra venezolana.

Aunque es una idea mezquina, no puedo evitar pensar en la cantidad de gente que hay por ahí jodiendo, saqueando, matando, y gozando de buena salud a pesar de todo. Otros pensamientos más pequeños me asaltan, pero no los digo por pudor y porque me avergüenza tenerlos como me avergonzó la llamada que hice un rato después por asuntos de trabajo, como me avergonzó mirar involuntariamente la tirita informativa de teleSUR un par de veces mientras Nicolás Maduro se desangraba en pantalla y daba una de las noticias más amargas para América Latina desde la muerte de Salvador Allende.

Su eslogan en las últimas elecciones era “Chávez, corazón del pueblo”. ¿Habrá muerto el núcleo de la Revolución Bolivariana? No lo creo. Solía hablar de sí mismo en tercera persona, pero no por inmodestia o egolatría, sino porque su obra fue tan rápida y volcánica que ni él ni sus enemigos sabían cómo llamarla. “El chavismo” dicen, y ya todo el mundo sabe de lo que se está hablando. Chávez habrá muerto, pero no ha muerto el corazón del pueblo.

El pueblo venezolano y los seres humanos desposeídos, los justos y los dignos de todo el mundo le dimos la razón. La historia se la dará también, porque siempre nos da la razón aunque no siempre la victoria. ¡Salud, Chávez! como el “¡Salud, Guevara!” de Nicolás Guillén, pero no nos esperes todavía, tenemos una lucha que ganar y esta vez el triunfo será nuestro: me niego a pensar de otra manera.

Ariel Montenegro Cuba

Comentarios

  1. Wirlenys Aguilera
    Zulia

    Muchas gracias por esta lectura, así mismo es, no nos vamos aún, porque seguiremos luchando y la Muerte de nuestro comandante será el comienzo de muchas más… Venceremos, Saludos

  2. luz ramos
    Aragua

    No tengo palabras, solo lagrimas en mis ojos y en mi corazón, nunca pensé que amaba tanto a mi héroe, al héroe de todos los venezolano y de América Latina me siento orgullosa de ser venezolana y haber tenido y seguir teniendo por siempre a nuestro gigante Hugo Chávez fue y sera un ser indescriptible te amo Chávez

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