Hugo Chávez: Como un relámpago rompiendo la oscuridad del cielo de su tierra

Mientras TeleSUR transmite imágenes del pueblo venezolano volcado a las calles y repitiendo: ¡Chávez vive, la lucha sigue!, siento que la muerte Hugo Chávez Frías me une más a esos hermanos y a todas las fuerzas revolucionarias del mundo… El dolor compartido nos ha conmocionado a todos.

Hugo Chávez llegó a nuestras vidas como un relámpago rompiendo la oscuridad del cielo de su tierra y trayendo la esperanza del ALBA para toda Nuestra América. Con él, cesó el analfabetismo, creció la economía, se elevó el nivel de vida y la patria bonita tuvo más maestros y médicos que cuatreros y fusiles oprimiendo al pueblo.

Al estupor del primer instante y la incredulidad ante su partida definitiva, siguieron los recuerdos que anidaba dentro del alma y una congoja infinita, porque aquel muchacho nacido en Sabaneta de Barina, ya no lo veríamos más caminar entre nosotros, dialogar con su pueblo o hablar en los foros más altos, mientras hacía la Patria Grande que soñó el Libertador de América.

Hugo Chávez desató el pensamiento y el corazón de Bolívar para que llegara a todos los hombres y mujeres del planeta. La oligarquía nacional y el imperialismo no le perdonaron el rescate de las riquezas nacionales y mucho menos que las pusiera en función de su pueblo que al fin tuvo trabajo y cultura; viviendas, hospitales y escuelas; soberanía, independencia y libertad. Él, como nadie, hizo que la Patria creciera en Venezuela.

Me cuesta trabajo imaginar que no volveremos a ver su pícara sonrisa, ni a escuchar su voz poderosa capaz de enfrentar al imperialismo y de cantar canciones patrióticas y amorosas…¡Cuánto me gustaría sentir que canta, nuevamente, Alma Llanera, Linda Barina y, sobre todo En Venezuela, obra de Luis Silva que parecía escrita por él y para él..!

Comparto con los amigos de Radio Enciclopedia, esa prodigiosa canción que lo devuelve a mis más caros recuerdos, vivo y alegre por siempre….

En Venezuela
Llevo tu luz y tu aroma en mi piel;
y el cuatro en el corazón.

Llevo en mi sangre la espuma del mar
y tu horizonte en mis ojos.

No envidio el vuelo ni el grito al turpial
soy como el viento en la mies.

Siento el Caribe como una mujer,
soy así, que voy a hacer.

Soy desierto, selva, nieve y volcán
y al andar dejo mi estela;
y el rumor del llano en una canción
que me desvela.

La mujer que quiero tiene que ser
corazón, fuego y espuela,
con la piel tostada como una flor
de Venezuela.

Con tus paisajes y sueños me iré
por esos mundos de Dios.

Y tus recuerdos al atardecer
me harán más corto el camino.

Entre tus playas quedó mi niñez
tendida al viento y al sol.

Y esa nostalgia que hoy sube a mi voz,
sin querer se hizo canción.

De los montes quiero la inmensidad
y del río la acuarela.

Y de ti los hijos que sembrarán
nuevas estrellas.

Y si un día tengo que naufragar
y un tifón rompe mis velas
enterrad mi cuerpo cerca del mar
en Venezuela.

Acela Caner Cuba

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