No te lo perdono

Cuando pregunto ¿Por qué? Me dicen que “Tu sabes  lo  que haces”  Me dicen que “Tu sabes por qué lo haces”  Me dicen que “Tus tiempos son perfectos”  Pero estoy convencida de que TE EQUIVOCASTE esta vez”

Porque tú sabes, Mi Dios,  que él era indispensable en nuestra Patria. El representaba la seguridad y la certeza de que el Imperio no nos atacaría, al menos, no, de manera directa, cual hipócritas y falsos.

Porque tú sabes, mi Dios, que aún le faltaba mucho por hacer en la América toda. El deseaba tanto hacer, tanto vivir, tanto disfrutar.  Él nos brindó la oportunidad de ver nuestras aspiraciones hechas realidad.

Yo conocí a una pequeña niña morir, luego de tanto sufrir, por no tener cómo viajar al extranjero a curar su corazoncito. El hizo construir un cardiológico para salvar a esos ángeles sin recursos económicos.

Vi muchos trabajadores de toda la vida, amas de casa de profesión, ancianos, morir sin recibir a cambio una compensación por su lucha, sin disfrutar la riqueza de este País, esa que se llevaban los petroleros y los políticos bandidos, asaltantes y ladrones de las arcas del Estado. Los “Ta barato” mayameros. Y él, entendiéndolo todo, salvó de la privatización al SSO y lo puso al servicio de su pueblo, de sus adultos (y no viejos) de la tercera edad. Y les ha otorgado el beneficio de la pensión a todos.

Cambió tantas cosas, señor. Revolucionó, no solo a Venezuela, sino al mundo entero. Salvó a la OPEP, rescató nuestro oro. Colocó al Sur en la lucha contra el fascismo, el imperialismo.  Dejamos de ser el patio trasero de EEUU.

Nuestros conciudadanos militares. ¡Cuánto cambiaron su imagen ante el resto del País!, antes les temíamos, los odiábamos, nos caían mal, eran unos gorilas. Ahora, son nuestros, están con nosotros. Nos amamos.  Nos atienden, nos cuidan.

Y desde el punto de vista personal, señor.  A mí me dio todas las alegrías del mundo, porque su lucha es mi lucha, sus deseos son mis deseos, su ideología es la mía, sus sufrimientos fueron míos.

Pero te lo llevaste Dios, ¿Por qué?  Extraño su voz, sus inventos, sus cuentos, sus manos. Sus cantos. Su inteligencia, su memoria prodigiosa, su amor.  No lo tendré más. No lo tocaré jamás.

Él estaba bien, vale. ¿Qué te pasó? Tú eres tan poderoso.  ¿Por qué entonces, no lo salvaste para su pueblo?  ¿Por qué  dejaste que su cuerpo dejara de funcionar?

Perdóname señor, porque nunca, jamás te lo voy a perdonar. Nunca olvidaré  tu equivocación porque mataste un pedazo de mi alma, me partiste el corazón.  Nunca voy a aceptar su pérdida.  Si he llorado por el que murió con la camisa prestada, imagínate como lloro al que fue expulsado de su escuela por tener las alpargatas rotas. No vale, no te lo perdono.

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