Para tí mi Comandante Supremo con todo mi cariño!!

Lejos de mi una apología, un réquiem o un discurso. Solo atino a detenerme en un sentimiento. Es el asombro ante una  eclosión súbita y conmovedora de lo inesperado. Es una turbación indefinible que se paraliza en la contemplación. Es el aflorar  repentino  del  inmenso dolor de un pueblo, desbordado en  torrentes de llanto incontenible. La congoja se derrama e inunda montes y valles,  hogares y oficinas, calles y plazas. No es una simple marea, es un tsunami arrollador de sollozos, un cataclismo de ayees de  aflicción imponderable, infinita. Es una nación atormentada y temblorosa hasta el vértigo. Está herida en lo más íntimo de su alma. Su resonancia  se eleva al universo impulsada por el aire trémulo y se esparce en un sinfín, en un etéreo vagar por el espacio eterno. Nadie escapa a la noticia. Cautiva todos  los sentidos que se fascinan con la visión de un faro de millones de ojos enrojecidos por las lágrimas, que nos guía hacia un país, hacia una ciudad, hacia un punto, hacia un catafalco.

¿Quién está allí? Nadie pronuncia una sola palabra, pero el estupor que refleja su  semblante nos indica que todos lo saben. Se observa la consternación de millones de seres humanos, de multitudes autómatas que caminan  envueltas en gritos desgarradores. Una riada de gargantas roncas y rostros constreñidos por la angustia, deambula  con el espanto de lo increíble, trocada en instintiva compulsión, en  enajenación  por  lo inconcebible, en la protesta más elocuente enviada al cosmos contra lo inaceptable.

Los  ecos de una paranoia colectiva se expanden alrededor del planeta por sus cuatro puntos cardinales y  contagian el sobresalto causado por el golpe demoledor de un destino inmisericorde.  Lágrimas discretas brotan y copan todos los incrédulos confines  de la tierra. Ojos atónitos se extasían en  los cuadros de la tecnología,  en sucesión de graves campanadas, oídas por la imaginación en un doblar lento, acompasado, transido de tristeza indescriptible.

Es el nunca más de una energía, es la revelación más profunda de lo fatal, es el término impenetrable de los  hados, es el presagio de una era inmortal.

Vivirás en nuestros corazones por siempre Mi Comandante Supremo….. dejaste tu legado y se perpetuará con Nicolás quien tiene el temple la madera de nuestro pueblo…. te amamos y nos duele tu partida insospechada, pero ten la convicción que estarás siempre en nuestra mente…Arriba la Revolución somos Patria Libre y Soberana..

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