Resurrección del tercer día

Del lunes a hoy van tres tardes de hacer muñecas tristes, forjadas con llanto, acompañada por la certidumbre de saber que ya nunca nos hablarás de nuevo. Esta vieja recogedora de sueños se declara  impotente, como cuando se percató de sus primeras arrugas, del abultamiento permanente de su vientre y más aún, desconsolada, como cuando supo que las fuerzas de su cuerpo ya no tenían el mismo peso que las de su alma. Se sintió tu madre pero tenía que sumar, tu hija pero sobraba la edad, entonces supo, como muchos otros, que éramos hermanos.

Hermano de la vida al que nunca hablé personalmente, muchas veces me sorprendí aproximándome a las palabras que salían de tu boca, cosas de la ideología o en el mejor de los casos del sentir y la experiencia. Lo cierto es que siento tu ausencia en plano del tercer entorno. Amigo, hace tiempo que entendí que existen tres planos inherentes a lo real, es así como estoy en la certidumbre de una nueva forma de cambiar, de salir del callejón negro que conduce a la desesperanza y la inactividad, madre de la ausencia total, tu vives y vivirás, mientras te encuentres en el pensamiento de otra persona serás realidad, justo esa es la tarea, no muy fácil pero sí bien respaldada en el ideario de la vida cotidiana y en el pensar intelectual, en la creación de las estructuras, de las canciones, de nuevas formas de participación y, en especial, en el mundo que ahora descubro en el cual mis muñecas de trapo se transforman en seres que también te aman, ríen y sufren por ti. Eso me sirve para evitar el fracaso de los seres oprimidos y encerrados en el callejón de la conformidad.

La primera vez lo hice porque me dio una tremenda arrechera lo que hicieron con el viejo caudillo y la belleza nacional, esta mujer tornada en incrédula no daba más. Después en marzo, cuando ya eras presidente, una vez en la mañana, en la radio te escuché. Me pareció que oía un cuento del maravilloso Gabo, más por curiosidad que por otra alguna cosa me senté a escuchar, te confieso, me gustó, realismo mágico, la vida del pueblo en su totalidad indoamericana. Las reservas me hacían dudar, si pasamos de vaina el caracazo, un militar, que va. Pensé, como dicen “los malandros” ¡Qué puede salir de ahí! Continué oyéndote y leyendo sobre lo que hacías y más me gustó. Después del aquel abril entré en cuenta de mi Arrecho pelón, creó que es así ¿Verdad, mi hermano?  Cuántas acciones, enseñanzas y cambios propiciaste en tan corto lapso de tiempo. Por eso y por tu lealtad hoy tu partida se hace irreparable para las gentes que saben de penurias por haber estado  condenadas a quinientos años de oprobio y soledad.

Hilda Sorando Carabobo

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